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23/03/2025


Los 35 días que impulsaron el cambio

David Cabrero del Amo | Director de San Jerónimo

Hace cinco años, tal día como hoy estábamos moviendo colchones para poder acomodarnos en lo que iban a ser quince días en la Residencia San Jerónimo. Allá nos instalamos con la única premisa de que íbamos a intentar vencer al virus. Tras estos años, ahora llegan los recuerdos, las emociones y las vivencias de aquellos 35 días que se quedarán para siempre en nuestras retinas. Me siento conmovido al reflexionar sobre todo lo que hemos compartido en esta travesía. Cada día fue una lección de humanidad y un recordatorio de la fuerza que encontramos en nuestro centro.

La pandemia nos puso a prueba de formas inimaginables, pero en medio de la adversidad, descubrimos la belleza del acompañamiento. Cada mirada, cada palabra de aliento y cada gesto de cariño se convirtieron en puentes que unieron nuestras almas. En esos momentos difíciles, aprendimos que el verdadero cuidado va más allá de lo físico; se trataba de estar presente, de escuchar y de acompañar a cada persona residente en su historia única.

El modelo de atención centrado en la persona que hemos abrazado en la Fundación San Jerónimo ha ido transformado nuestra manera de cuidar. Hemos aprendido a ver a cada una de las personas que viven aquí no solo como residentes, sino como seres humanos llenos de sueños, recuerdos y necesidades individuales. Nos hemos esforzado por crear un ambiente donde cada persona se sienta valorada, respetada y amada.

Recuerdo las largas jornadas en las que nuestro equipo se volcó en brindar apoyo emocional, en compartir risas, en recordar historias de vida y en crear momentos de alegría. Cada pequeño acto de cuidado personal se convirtió en una chispa de esperanza que iluminó incluso los días más oscuros. Fuimos testigos de la fortaleza de las personas residentes, quienes, a pesar de las dificultades, mostraron una capacidad increíble para adaptarse y encontrar alegría en lo cotidiano.

Agradezco profundamente a cada persona de este equipo por su dedicación y compromiso, las que estuvieron, están y las que vendrán, porque con su amor y pasión por el acompañamiento y el cuidado, son la esencia de lo que somos. Con el paso del tiempo hemos creado un hogar donde las relaciones humanas son el pilar fundamental. Sigamos construyendo sobre esa base, asegurándonos de que cada persona residente reciba el acompañamiento personalizado que se merece.

Hoy, al mirar hacia el futuro, mi corazón se llena de esperanza, aunque también de incertidumbre. Esperanza por que espero que sigamos mejorando el cuidado a las personas que viven en los centros con la misma pasión y dedicación, recordando siempre que cada una de ellas tiene una historia valiosa que contar. Que nuestra misión sea seguir ofreciendo ese abrazo cálido, esa escucha atenta y ese amor incondicional que tanto necesitan. Y a la vez incertidumbre, porque nos encontramos en una sociedad envejecida que cada vez va a necesitar más recursos para acompañar a personas mayores y lo que estamos viendo en el sector es que cada vez hay menos personas dispuestas a cuidar a personas mayores. Así que, espero que logremos encontrar una solución a este gran reto que tenemos delante. Y quizás una de las soluciones por las que tenemos que comenzar es por valorar a las personas trabajadoras, incluirlas en la toma de decisiones y lograr un acuerdo para poder tener un convenio digno. Porque es muy triste ver que hoy en día una persona que vigila los coches en un parking, gane más que una trabajadora que se desvive por dar todo su cariño a personas mayores que necesitan de su apoyo para poder vivir.

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